(Breve ensayo sobre voto voluntario / obligatorio, Cátedra Habilidades del lenguaje, UFT 2017)
Participación ciudadana,
inscripción automática y voto obligatorio
Felipe Valdivieso Cox
Introducción
El sistema electoral chileno fue reformado por ley en 2012,
en dos variables determinantes para la concurrencia o abstención en los
procesos electorales: inscripción y votación. De voluntaria, a automática; de
obligatorio, a voluntario. Hay aquí asuntos valóricos e institucionales
relevantes respecto a los cuales hay diferentes enfoques y opiniones.
El presente ensayo sostiene la tesis que se debe mantener la
inscripción automática y que el voto actualmente voluntario debe regresar a ser
obligatorio. Y se argumentará en ese sentido con razones que pretenden ser
convincentes para quienes piensan distinto respecto a esas dos variables.
Democracia y participación
ciudadana
La democracia moderna es una conquista que costó siglos,
sangre y enormes tensiones entre mentalidades buscando retener el poder y
aquellas que lucharon por el acceso a este a través de los representantes de la
mayoría de los ciudadanos. Sea parlamentaria o presidencialista. Y parodiando a
Winston Churchill, la democracia es el
peor sistema político, con excepción de todos los demás[1].
El traslado de la soberanía del rey al pueblo, es un cambio cualitativo
trascendental en la organización política. La división de poderes, el concepto
en uso en Estados Unidos de “control y balance” (check and balance)[2],
la representación de la voluntad de los ciudadanos a través de procesos
eleccionarios, son estos elementos marcadores de esta democracia moderna,
vigente en la mayoría de los países.
El sistema no se mantiene suspendido en el aire: su base y
soporte es la manifestación de voluntad de los ciudadanos que de manera pasiva
aceptan someterse a sus reglas y de manera activa expresan su opinión en actos
específicamente diseñados para ello, como es el voto. Sea este para elegir a
sus representantes, sea para improbar o aprobar una determinada cuestión
relevante que se le presente.
Si los beneficiarios del sistema –los ciudadanos- no se
expresan, el sistema pierde sustento, pierde legitimidad y quienes detentan el
poder refuerzan sus posiciones e intereses. Inevitablemente se generarán
tensiones de rechazo al status quo que fluctuarán del desinterés, abulia y
crítica, a la puesta en duda del sistema e intentos de cambios revolucionarios
violentos.
En este contexto, el propio sistema es el que debe procurar
su base de sustentación, debe promover el voto. Hay aquí una curiosa inversión:
el sistema lo crean los ciudadanos que con el tiempo se desinteresan del mismo,
ya sea porque funciona bien o porque lo hace mal. Quitándole entonces la
legitimidad, ya no de origen, pero sí de desempeño. Allí es el sistema quien
debe tomar la iniciativa para recuperar su base ciudadana, para lo cual está
suficientemente habilitado.
Cada momento histórico – político tiene sus especificidades,
siendo muy notorio que la participación ciudadana en los procesos eleccionarios
es muy alta en momentos de inicio o de cambio y tiende a la no manifestación en
épocas de funcionamiento aceptable y en momentos pre-cambio. En ambos ciclos,
la institucionalidad debe accionar para tener y mantener su legitimidad de
origen y de desempeño. No actuar es negarse a sí misma, es su suicidio, es dar
paso a las dictaduras, a los populismos destructivos, a la anomia. Todos estos
males políticos se miden en dolor humano.
Algunos pocos datos electorales[3]:
las tres menores abstenciones en votación del siglo XX se registraron en los plebiscitos
de 1980 y 1988, así como la elección del presidente de la República de 1989,
siendo los respectivos porcentajes 5,72; 2,47; 5,29. En 1980 fue sometida a
votación la nueva Constitución tras siete años de régimen militar; en 1988,
consulta sobre la permanencia o no de quien detentaba la presidencia desde
1973. En 1989, la elección del presidente Patricio Aylwin que reemplazaría al
General Pinochet. También en 1989 se sometió a consulta plebiscitaria las
modificaciones a la Constitución de 1980 (6,28%). Cuatro momentos cumbres de la
política chilena del siglo XX que motivó la participación casi total de los
habilitados para votar.
En los cinco procesos eleccionarios realizados entre 2001 y
2009[4],
el promedio de abstención fue del 14,08%, situación que cambia radicalmente en
las elecciones municipales de 2012 y las presidenciales primera y segunda
vuelta de 2013 cuando la abstención fue, respectivamente, de 60,8%, 49,35% y
41,97%. El pick abstencionista se registró en las elecciones municipales de
2016, cuando alcanzó el 65%.[5]
Entre los factores que mejor explican estas cotas de
abstención está la aplicación de la nueva Ley 20.568[6]
publicada el 31 de enero de 2012 que cambió la inscripción, de voluntaria a
automática y el voto, de obligatorio a voluntario.
El padrón electoral que era de 8.285.186[7]
inscritos en 2009, salta a 13.404.084[8]
en 2012 y a 13.573.088 en 2016.
Una de tantas investigaciones[9]
[10]
[11]sobre
estos temas informa entre otros, de los siguientes hechos: en las
presidenciales y parlamentarias de noviembre de 2013, aproximadamente 1/5 de
los votantes provino de los nuevos inscritos, mientras que cerca de 1/3 de los
antiguos inscritos no votó. Estos números dicen que casi cuatro millones de
personas se movieron de su estatus previo, que se produjo un recambio de
votantes equivalente más o menos al 30% del padrón electoral 2013. Aumentaron
los votantes de entre 18 y 34 años y disminuyeron los votantes mayores de 35,
especialmente los ubicados entre 40 y 55 años. El efecto neto de los cambios es negativo
numéricamente: votaron 1.321.401 nuevos inscritos y se abstuvieron 2.624.724
antiguos viejos inscritos, antes obligados al voto.
Allí están las cifras, hay muchas maneras de entrar en su
análisis. En este ensayo solo se consideran con relación a las variables inscripción
y abstención. Queda evidenciado muy notoriamente que la legitimidad –que no
legalidad- del sistema ha sido debilitada por los cambios en las dos variables
señaladas. Como expresado al inicio del ensayo, se afirma aquí que la
inscripción debe seguir siendo automática y el voto, obligatorio.
Breves consideraciones sobre la legitimidad se imponen: ¿Es
medible en números la legitimidad del sistema democrático? ¿Cuál es y quién
pone la cifra frontera entre legitimidad e ilegitimidad en cuanto a
participación en elecciones? En el hilo argumental de la presente tesis, los
números son indicadores referenciales que deben ser vistos junto con otros
muchos parámetros. Y en este campo específico deben ser adoptadas medidas que
mientras aumentan los votantes, crear conciencia ciudadana: inscripción
automática y voto obligatorio.
Libertad versus
responsabilidad
Los sostenedores y a la vez beneficiarios del sistema –el
pueblo en quien reside la soberanía y que la delega parcialmente a sus
representantes a través del voto- se plantean frente a las elecciones en que
sin decisión propia se encuentran habilitados y en que pueden o no concurrir a
las urnas, la pregunta de si votar o no hacerlo. Razones, tantas como personas.
Informadas o no, motivados o indiferentes, etcétera, los ciudadanos piensan
sobre sus derechos, su libertad, sus porqués.
No hay derechos sin deberes, no hay libertad sin responsabilidad:
declaración de principios que dirige este ensayo.
Max Weber[12]
[13]discurrió
ampliamente sobre los conceptos de ética de la intención (convicción) y ética
de la responsabilidad. La “intención” kantiana fue derivada a las
“consecuencias”, siendo de mayor valor en ese sentido, la ética de la
responsabilidad por las consecuencias, independientemente de las intenciones.
Buen marco este desde el que juzgar o valorar el ejercicio de
la libertad. La intención de un abstencionista tipo, en el mejor caso, pretende
ser un mensaje para el sistema: no creo
en la política, no creo en los políticos corruptos, etcétera. Pero no
advierte o no toma en cuenta que su convicción o su intención, de hecho,
produce efectos y consecuencias que lo afectan negativamente a él y a los
demás: El sistema en el que vive, del que se alimenta, que lo protege, pierde
base y legitimidad.
Argumentan los abstencionistas que es su derecho ejercer o no
un determinado derecho, en este caso, de votar. Y que por encima del derecho
que la institucionalidad le otorga sin preguntar se encuentra su derecho
individual, personalísimo de no hacer uso de él, de privilegiar su libertad de
elegir.
Pero la libertad no es un absoluto, sino como concepto. Pero
en la realidad, en la política, en la vida en sociedad, la libertad es limitada
de muchas maneras y grados. Y no siempre es una entidad externa la que limita:
todo hombre entiende por intuición, sentido común y aprendizaje que la
comunidad humana implica renuncias. El infante es educado por sus padres, el
niño por la escuela, los jóvenes y adultos por la interacción con el mundo,
etcétera. Hay reglas, normas, leyes; hay convenciones, supuestos, acuerdos. En
fin, la libertad absoluta no existe.
Hay restricciones odiosas, abusivas, opresivas, decididas por
otros en afán de dominio y explotación, respecto a las cuales el hombre buscará
la manera de superarlas. Y hay limitaciones inspiradas en el bien común, en la
primacía de intereses colectivos por sobre los individuales. Algunas de estas
restricciones son y pueden ser, en el caso de los actos electorales, parciales,
momentáneas, tolerables. Obligar al ciudadano a ir a las urnas limita su
libertad de no ir, pero le ofrece opciones compensatorias: Voto nulo, voto en
blanco. No ejerza su libertad de la forma
básica de no ir, exprese su libertad con nulo o blanco. Suspensión parcial,
circunstancial y momentánea, a la que se le ofrecen opciones alternativas que
igual mantienen la libertad individual, condicionándose solo la forma de
ejercerla. Una Usted, ciudadano
habilitado, su libertad con la responsabilidad para con su sistema que tanto le
da y tan poco le exige.
La cesión parcial de la libertad individual, ni siquiera es
un invento moderno o de la democracia: el hombre primitivo necesitado de
protección se somete a la tribu y a su jefe a cambio de seguridad. Sin
conceptualización, pero con mucha claridad entiende que el bien común es el que
le garantiza su seguridad. Instintivamente aprende a colaborar. Ahorra energía,
aumenta las satisfacciones a la vez que va sintiéndose parte del grupo,
corresponsable de este. Mutatis mutandis, esa realidad primitiva aplica a la
compleja sociedad actual, a este Chile del siglo XXI.
En la posmodernidad en la que se inserta Chile ha habido una
sobrevaloración de los derechos que se pretenden casi absolutos y exigibles,
ello en desmedro de las responsabilidades, limitaciones y demandas que impone
el sistema que protege a sus ciudadanos.
El Estado, la institucionalidad, necesita de la validación
por parte del ciudadano. Y si este se ha desentendido de su deber e ignorado la
necesidad del sistema, entonces debe haber acción estatal. En este caso, para
mantener la inscripción automática e imponer, retomar el voto obligatorio. Es
por bien del sistema y por bien del ciudadano. Es el bien común, una necesidad
compartida.
En contra de lo que alegan los antisistema, este es flexible,
se actualiza: si hoy el ciudadano no vota, entonces lo obliga. En la esperanza
que mientras dure la imposición se cree en el ciudadano una consciencia cívica
y el voto se convierta en un deber de convicción y de responsabilidad, ya
interiorizado. Las leyes se hacen, se modifican, se desechan en cuanto son o
dejan de ser respuestas apropiadas para el presente y futuro de las
colectividades: Una irresponsabilidad ciudadana se minimiza con una obligación;
un deber impuesto formalmente si ha logrado su objetivo, en este caso el voto,
puede ser eliminado con una simple reforma. Imponer y luego levantar obligación
demostraría que la medida fue eficaz y que el ciudadano ha redefinido
virtuosamente lo que es la libertad.
Persuasión y
penalización
El Estado tiene atribuciones y recursos para estimular la
participación ciudadana y, de hecho, hace uso de aquello. Conjuntamente con las
acciones de persuasión y convencimiento no forzado, dispone de sanciones a
quienes incumplan con los deberes formal y válidamente establecidos. Hay
opciones que van desde horas de trabajo comunitario, sanciones pecuniarias,
exclusión de beneficios fiscales o administrativos, etcétera. Hasta privación
de la libertad. Es el Estado procurando su supervivencia, es la democracia
necesitada de hacerse escuchar por ciudadanos indolentes y centrados solo en sí
mismos y convencidos de la preeminencia universal de sus derechos individuales
por sobre los colectivos.
¿Es primitivo que se obligue al votante? ¿Menoscaba la imagen
del país? La verdad es que lo no evolucionado es la no participación ciudadana.
Y no poner reparo a eso lo que hace es aumentar la lejanía entre
institucionalidad y ciudadanos.
Conclusión
La información expuesta en este escrito bajo las modalidades
de datos, referencias filosóficas y políticas, diferentes criterios sobre
inscripción y voto, ha sido ordenada siguiendo en todo momento la línea
argumental y discursiva que se enunció como tesis al inicio del documento: La
inscripción en el padrón electoral debe mantenerse en modo automático
–alimentado por la información del Registro Civil- y el voto debe regresar a la
modalidad obligatoria. Esas dos condiciones ponen al ciudadano en la mejor posición
para expresarse en elecciones, materializa a cabalidad la iniciativa y acción
responsable de la institucionalidad democrática para que el sistema tenga vida
y legitimidad.
Convicción y responsabilidad se explicaron en referencia al bien
común y la preeminencia de la segunda respecto a la primera. Se destacó que la
libertad individual tiene limitaciones en la vida social e institucional, que
en el caso del voto hay opciones para ejercerla y que el sistema democrático se
adapta y puede modificar leyes, según su vigencia y necesidad.
Se presentó como válida y útil la penalización en caso de
incumplimiento de obligación decidida por la institucionalidad, que, de hecho,
en el caso de las leyes, pasa justamente por el poder legislativo, expresión
clara de la voluntad ciudadana que elige a sus representantes. Se decidió
argumentalmente que imponer normas y penas no puede catalogarse de primitivo,
sino que, por el contrario, de institucionalización, de avance en la
estructuración de sociedades complejas.
Se considera probada la tesis del ensayo, se han considerado
algunas posiciones contrarias y han sido respondidas racionalmente. Quien lea
este trabajo puede ser convencido y en el peor de los casos, llevado a aceptar
como válida la cadena argumentativa desarrollada.
En definitiva, inscripción automática y voto voluntario, como
condiciones necesarias hoy en Chile, en defensa del sistema democrático.
[1] «The Worst Form of Government», The International
Churchill Society, acceso el 31 de octubre de 2016,
http://www.winstonchurchill.org/resources/quotations/the-worst-form-of-government
[2] «Full Definition of checks and balances», Merrian
Webster, acceso el 31 de octubre de 2016,
http://www.merriamwebster.com/dictionary/checks%20and%20balances
[3] Ricardo Nazer A. y Jaime Rosemblit B, «Electores,
sufragio y democracia en Chile: Una mirada histórica», Mapocho, Revista de Humanidades y Ciencias Sociales N° 48: (Segundo
Semestre de 2000): 227, 215-228,
http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0026088.pdf y http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-76696.html
[4] Gonzalo Contreras y Patricio Navia, «Diferencias
generacionales en la participación electoral en Chile, 1988 - 2010», Revista de ciencia política (Santiago) vol
33 N° 2 (2013): 428, 419-441,
http://www.scielo.cl/pdf/revcipol/v33n2/art01.pdf
[5] Juan Pablo Luna, «Análisis de las elecciones
municipales: ¿Quién ganó?», Ciper, Centro
de Investigación Periodística, 25 de octubre de 2016, acceso el 31 de
octubre de 2016,
http://ciperchile.cl/2016/10/25/analisis-de-las-elecciones-municipales-quien-gano/
[6] «Regula la inscripción automática, modifica el
Servicio Electoral y moderniza el sistema de votaciones», Ministerio Secretaría
General de la Presidencia - Ley Chile – Biblioteca del Congreso Nacional,
acceso el 31 de octubre de 2016, http://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=1035420&buscar=20.568
[7] «Inscripciones Hábiles por Sexo 1988 - 2009», Servel,
acceso el 31 de octubre de 2016,
www.servel.cl/wp-content/uploads/2015/09/einscritossx-1.xls
[8] «Cantidades de inscripciones por grupos etáreos en
cada sexo por región y totales del país. Padrón definitivo 2012», Servel,
acceso el 31 de octubre de 2016,
http://www.servel.cl/wp-content/uploads/2015/09/informe_etareos_por_region.pdf
[9] Uziel Gómez, «Investigación del CEP desclasifica el
impacto del voto voluntario en las elecciones que llevaron a la Nueva Mayoría
al poder», El Líbero, 4 de abril de
2016, acceso el 31 de octubre de 2016,
http://ellibero.cl/actualidad/investigacion-del-cep-desclasifica-el-impacto-del-voto-voluntario-en-las-elecciones-que-llevaron-a-la-nueva-mayoria-al-poder/
[10] Loreto Cox y Ricardo González, «Cambios en la
participación electoral tras la inscripción automática y el voto voluntario»,
CEP, Centro de Estudios Públicos, N° 14, marzo 2016, (versión corta) acceso el
31 de octubre de 2016, http://www.cepchile.cl/cambios-en-la-participacion-electoral-tras-la-inscripcion-automatica-y/cep/2016-05-05/172224.html
[11] «Cambios en la
participación electoral tras la inscripción automática y el voto voluntario»,
CEP, Centro de Estudios Públicos, N° 14, marzo 2016, (versión completa) acceso
el 31 de octubre de 2016, http://www.cepchile.cl/cep/site/artic/20160505/asocfile/20160505172224/dpp_014_marzo2016_lcox_rgonzalez.pdf
[12] Dorando J. Michelini, «La ética del discurso como ética
de la responsabilidad», Literatura y
lingüística N° 14 (2003):
http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-58112003001400015
[13] «Las relaciones entre la ética y la política. El punto
de vista dramático desde Max Weber y Raymond Aron», FAES – Fundación para el
análisis y los estudios sociales, acceso el 31 de octubre de 2016,
http://www.fundacionfaes.org/file_upload/publication/pdf/00004-05_-_las_relaciones_entre_la_etica_y_la_politica.pdf
[14] «Anexo: Países», Wikipedia, acceso el 31 de octubre de
2016 https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses
[15] NN,
«Radiografía al voto obligatorio en el mundo: qué países lo aplican y cuánta es
la participación», EMOL, 15 de
octubre de 2016, acceso el 31 de octubre de 2016, http://www.emol.com/noticias/Nacional/2016/10/15/826485/Radiografia-al-voto-obligatorio-en-el-mundo-que-paises-lo-aplican-y-cuanta-es-la-participacion.html
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