lunes, 30 de abril de 2018

Participación ciudadana, inscripción automática y voto obligatorio


(Breve ensayo sobre voto voluntario / obligatorio, Cátedra Habilidades del lenguaje, UFT 2017)



Participación ciudadana, inscripción automática y voto obligatorio
Felipe Valdivieso Cox

Introducción

El sistema electoral chileno fue reformado por ley en 2012, en dos variables determinantes para la concurrencia o abstención en los procesos electorales: inscripción y votación. De voluntaria, a automática; de obligatorio, a voluntario. Hay aquí asuntos valóricos e institucionales relevantes respecto a los cuales hay diferentes enfoques y opiniones.

El presente ensayo sostiene la tesis que se debe mantener la inscripción automática y que el voto actualmente voluntario debe regresar a ser obligatorio. Y se argumentará en ese sentido con razones que pretenden ser convincentes para quienes piensan distinto respecto a esas dos variables.

Democracia y participación ciudadana

La democracia moderna es una conquista que costó siglos, sangre y enormes tensiones entre mentalidades buscando retener el poder y aquellas que lucharon por el acceso a este a través de los representantes de la mayoría de los ciudadanos. Sea parlamentaria o presidencialista. Y parodiando a Winston Churchill, la democracia es el peor sistema político, con excepción de todos los demás[1]. El traslado de la soberanía del rey al pueblo, es un cambio cualitativo trascendental en la organización política. La división de poderes, el concepto en uso en Estados Unidos de “control y balance” (check and balance)[2], la representación de la voluntad de los ciudadanos a través de procesos eleccionarios, son estos elementos marcadores de esta democracia moderna, vigente en la mayoría de los países.

El sistema no se mantiene suspendido en el aire: su base y soporte es la manifestación de voluntad de los ciudadanos que de manera pasiva aceptan someterse a sus reglas y de manera activa expresan su opinión en actos específicamente diseñados para ello, como es el voto. Sea este para elegir a sus representantes, sea para improbar o aprobar una determinada cuestión relevante que se le presente.

Si los beneficiarios del sistema –los ciudadanos- no se expresan, el sistema pierde sustento, pierde legitimidad y quienes detentan el poder refuerzan sus posiciones e intereses. Inevitablemente se generarán tensiones de rechazo al status quo que fluctuarán del desinterés, abulia y crítica, a la puesta en duda del sistema e intentos de cambios revolucionarios violentos.

En este contexto, el propio sistema es el que debe procurar su base de sustentación, debe promover el voto. Hay aquí una curiosa inversión: el sistema lo crean los ciudadanos que con el tiempo se desinteresan del mismo, ya sea porque funciona bien o porque lo hace mal. Quitándole entonces la legitimidad, ya no de origen, pero sí de desempeño. Allí es el sistema quien debe tomar la iniciativa para recuperar su base ciudadana, para lo cual está suficientemente habilitado.  

Cada momento histórico – político tiene sus especificidades, siendo muy notorio que la participación ciudadana en los procesos eleccionarios es muy alta en momentos de inicio o de cambio y tiende a la no manifestación en épocas de funcionamiento aceptable y en momentos pre-cambio. En ambos ciclos, la institucionalidad debe accionar para tener y mantener su legitimidad de origen y de desempeño. No actuar es negarse a sí misma, es su suicidio, es dar paso a las dictaduras, a los populismos destructivos, a la anomia. Todos estos males políticos se miden en dolor humano.

Algunos pocos datos electorales[3]: las tres menores abstenciones en votación del siglo XX se registraron en los plebiscitos de 1980 y 1988, así como la elección del presidente de la República de 1989, siendo los respectivos porcentajes 5,72; 2,47; 5,29. En 1980 fue sometida a votación la nueva Constitución tras siete años de régimen militar; en 1988, consulta sobre la permanencia o no de quien detentaba la presidencia desde 1973. En 1989, la elección del presidente Patricio Aylwin que reemplazaría al General Pinochet. También en 1989 se sometió a consulta plebiscitaria las modificaciones a la Constitución de 1980 (6,28%). Cuatro momentos cumbres de la política chilena del siglo XX que motivó la participación casi total de los habilitados para votar.

En los cinco procesos eleccionarios realizados entre 2001 y 2009[4], el promedio de abstención fue del 14,08%, situación que cambia radicalmente en las elecciones municipales de 2012 y las presidenciales primera y segunda vuelta de 2013 cuando la abstención fue, respectivamente, de 60,8%, 49,35% y 41,97%. El pick abstencionista se registró en las elecciones municipales de 2016, cuando alcanzó el 65%.[5]

Entre los factores que mejor explican estas cotas de abstención está la aplicación de la nueva Ley 20.568[6] publicada el 31 de enero de 2012 que cambió la inscripción, de voluntaria a automática y el voto, de obligatorio a voluntario.

El padrón electoral que era de 8.285.186[7] inscritos en 2009, salta a 13.404.084[8] en 2012 y a 13.573.088 en 2016.

Una de tantas investigaciones[9] [10] [11]sobre estos temas informa entre otros, de los siguientes hechos: en las presidenciales y parlamentarias de noviembre de 2013, aproximadamente 1/5 de los votantes provino de los nuevos inscritos, mientras que cerca de 1/3 de los antiguos inscritos no votó. Estos números dicen que casi cuatro millones de personas se movieron de su estatus previo, que se produjo un recambio de votantes equivalente más o menos al 30% del padrón electoral 2013. Aumentaron los votantes de entre 18 y 34 años y disminuyeron los votantes mayores de 35, especialmente los ubicados entre 40 y 55 años.  El efecto neto de los cambios es negativo numéricamente: votaron 1.321.401 nuevos inscritos y se abstuvieron 2.624.724 antiguos viejos inscritos, antes obligados al voto.

Allí están las cifras, hay muchas maneras de entrar en su análisis. En este ensayo solo se consideran con relación a las variables inscripción y abstención. Queda evidenciado muy notoriamente que la legitimidad –que no legalidad- del sistema ha sido debilitada por los cambios en las dos variables señaladas. Como expresado al inicio del ensayo, se afirma aquí que la inscripción debe seguir siendo automática y el voto, obligatorio.

Breves consideraciones sobre la legitimidad se imponen: ¿Es medible en números la legitimidad del sistema democrático? ¿Cuál es y quién pone la cifra frontera entre legitimidad e ilegitimidad en cuanto a participación en elecciones? En el hilo argumental de la presente tesis, los números son indicadores referenciales que deben ser vistos junto con otros muchos parámetros. Y en este campo específico deben ser adoptadas medidas que mientras aumentan los votantes, crear conciencia ciudadana: inscripción automática y voto obligatorio.

Libertad versus responsabilidad

Los sostenedores y a la vez beneficiarios del sistema –el pueblo en quien reside la soberanía y que la delega parcialmente a sus representantes a través del voto- se plantean frente a las elecciones en que sin decisión propia se encuentran habilitados y en que pueden o no concurrir a las urnas, la pregunta de si votar o no hacerlo. Razones, tantas como personas. Informadas o no, motivados o indiferentes, etcétera, los ciudadanos piensan sobre sus derechos, su libertad, sus porqués.

No hay derechos sin deberes, no hay libertad sin responsabilidad: declaración de principios que dirige este ensayo.

Max Weber[12] [13]discurrió ampliamente sobre los conceptos de ética de la intención (convicción) y ética de la responsabilidad. La “intención” kantiana fue derivada a las “consecuencias”, siendo de mayor valor en ese sentido, la ética de la responsabilidad por las consecuencias, independientemente de las intenciones.  

Buen marco este desde el que juzgar o valorar el ejercicio de la libertad. La intención de un abstencionista tipo, en el mejor caso, pretende ser un mensaje para el sistema: no creo en la política, no creo en los políticos corruptos, etcétera. Pero no advierte o no toma en cuenta que su convicción o su intención, de hecho, produce efectos y consecuencias que lo afectan negativamente a él y a los demás: El sistema en el que vive, del que se alimenta, que lo protege, pierde base y legitimidad.

Argumentan los abstencionistas que es su derecho ejercer o no un determinado derecho, en este caso, de votar. Y que por encima del derecho que la institucionalidad le otorga sin preguntar se encuentra su derecho individual, personalísimo de no hacer uso de él, de privilegiar su libertad de elegir.

Pero la libertad no es un absoluto, sino como concepto. Pero en la realidad, en la política, en la vida en sociedad, la libertad es limitada de muchas maneras y grados. Y no siempre es una entidad externa la que limita: todo hombre entiende por intuición, sentido común y aprendizaje que la comunidad humana implica renuncias. El infante es educado por sus padres, el niño por la escuela, los jóvenes y adultos por la interacción con el mundo, etcétera. Hay reglas, normas, leyes; hay convenciones, supuestos, acuerdos. En fin, la libertad absoluta no existe.

Hay restricciones odiosas, abusivas, opresivas, decididas por otros en afán de dominio y explotación, respecto a las cuales el hombre buscará la manera de superarlas. Y hay limitaciones inspiradas en el bien común, en la primacía de intereses colectivos por sobre los individuales. Algunas de estas restricciones son y pueden ser, en el caso de los actos electorales, parciales, momentáneas, tolerables. Obligar al ciudadano a ir a las urnas limita su libertad de no ir, pero le ofrece opciones compensatorias: Voto nulo, voto en blanco. No ejerza su libertad de la forma básica de no ir, exprese su libertad con nulo o blanco. Suspensión parcial, circunstancial y momentánea, a la que se le ofrecen opciones alternativas que igual mantienen la libertad individual, condicionándose solo la forma de ejercerla. Una Usted, ciudadano habilitado, su libertad con la responsabilidad para con su sistema que tanto le da y tan poco le exige.

La cesión parcial de la libertad individual, ni siquiera es un invento moderno o de la democracia: el hombre primitivo necesitado de protección se somete a la tribu y a su jefe a cambio de seguridad. Sin conceptualización, pero con mucha claridad entiende que el bien común es el que le garantiza su seguridad. Instintivamente aprende a colaborar. Ahorra energía, aumenta las satisfacciones a la vez que va sintiéndose parte del grupo, corresponsable de este. Mutatis mutandis, esa realidad primitiva aplica a la compleja sociedad actual, a este Chile del siglo XXI.


En la posmodernidad en la que se inserta Chile ha habido una sobrevaloración de los derechos que se pretenden casi absolutos y exigibles, ello en desmedro de las responsabilidades, limitaciones y demandas que impone el sistema que protege a sus ciudadanos.

El Estado, la institucionalidad, necesita de la validación por parte del ciudadano. Y si este se ha desentendido de su deber e ignorado la necesidad del sistema, entonces debe haber acción estatal. En este caso, para mantener la inscripción automática e imponer, retomar el voto obligatorio. Es por bien del sistema y por bien del ciudadano. Es el bien común, una necesidad compartida.

En contra de lo que alegan los antisistema, este es flexible, se actualiza: si hoy el ciudadano no vota, entonces lo obliga. En la esperanza que mientras dure la imposición se cree en el ciudadano una consciencia cívica y el voto se convierta en un deber de convicción y de responsabilidad, ya interiorizado. Las leyes se hacen, se modifican, se desechan en cuanto son o dejan de ser respuestas apropiadas para el presente y futuro de las colectividades: Una irresponsabilidad ciudadana se minimiza con una obligación; un deber impuesto formalmente si ha logrado su objetivo, en este caso el voto, puede ser eliminado con una simple reforma. Imponer y luego levantar obligación demostraría que la medida fue eficaz y que el ciudadano ha redefinido virtuosamente lo que es la libertad.

Persuasión y penalización

El Estado tiene atribuciones y recursos para estimular la participación ciudadana y, de hecho, hace uso de aquello. Conjuntamente con las acciones de persuasión y convencimiento no forzado, dispone de sanciones a quienes incumplan con los deberes formal y válidamente establecidos. Hay opciones que van desde horas de trabajo comunitario, sanciones pecuniarias, exclusión de beneficios fiscales o administrativos, etcétera. Hasta privación de la libertad. Es el Estado procurando su supervivencia, es la democracia necesitada de hacerse escuchar por ciudadanos indolentes y centrados solo en sí mismos y convencidos de la preeminencia universal de sus derechos individuales por sobre los colectivos. 

De los 195[14] [15]países soberanos reconocidos por ONU en 2016, en 26 de ellos el voto es obligatorio, muchos de los cuales contemplan sanciones como los mencionados arriba.
¿Es primitivo que se obligue al votante? ¿Menoscaba la imagen del país? La verdad es que lo no evolucionado es la no participación ciudadana. Y no poner reparo a eso lo que hace es aumentar la lejanía entre institucionalidad y ciudadanos.

Conclusión

La información expuesta en este escrito bajo las modalidades de datos, referencias filosóficas y políticas, diferentes criterios sobre inscripción y voto, ha sido ordenada siguiendo en todo momento la línea argumental y discursiva que se enunció como tesis al inicio del documento: La inscripción en el padrón electoral debe mantenerse en modo automático –alimentado por la información del Registro Civil- y el voto debe regresar a la modalidad obligatoria. Esas dos condiciones ponen al ciudadano en la mejor posición para expresarse en elecciones, materializa a cabalidad la iniciativa y acción responsable de la institucionalidad democrática para que el sistema tenga vida y legitimidad.

Convicción y responsabilidad se explicaron en referencia al bien común y la preeminencia de la segunda respecto a la primera. Se destacó que la libertad individual tiene limitaciones en la vida social e institucional, que en el caso del voto hay opciones para ejercerla y que el sistema democrático se adapta y puede modificar leyes, según su vigencia y necesidad.

Se presentó como válida y útil la penalización en caso de incumplimiento de obligación decidida por la institucionalidad, que, de hecho, en el caso de las leyes, pasa justamente por el poder legislativo, expresión clara de la voluntad ciudadana que elige a sus representantes. Se decidió argumentalmente que imponer normas y penas no puede catalogarse de primitivo, sino que, por el contrario, de institucionalización, de avance en la estructuración de sociedades complejas.

Se considera probada la tesis del ensayo, se han considerado algunas posiciones contrarias y han sido respondidas racionalmente. Quien lea este trabajo puede ser convencido y en el peor de los casos, llevado a aceptar como válida la cadena argumentativa desarrollada.
En definitiva, inscripción automática y voto voluntario, como condiciones necesarias hoy en Chile, en defensa del sistema democrático.


[1] «The Worst Form of Government», The International Churchill Society, acceso el 31 de octubre de 2016, http://www.winstonchurchill.org/resources/quotations/the-worst-form-of-government
[2] «Full Definition of checks and balances», Merrian Webster, acceso el 31 de octubre de 2016, http://www.merriamwebster.com/dictionary/checks%20and%20balances
[3] Ricardo Nazer A. y Jaime Rosemblit B, «Electores, sufragio y democracia en Chile: Una mirada histórica», Mapocho, Revista de Humanidades y Ciencias Sociales N° 48: (Segundo Semestre de 2000): 227, 215-228, http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0026088.pdf y http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-76696.html 
[4] Gonzalo Contreras y Patricio Navia, «Diferencias generacionales en la participación electoral en Chile, 1988 - 2010», Revista de ciencia política (Santiago) vol 33 N° 2 (2013): 428, 419-441, http://www.scielo.cl/pdf/revcipol/v33n2/art01.pdf
[5] Juan Pablo Luna, «Análisis de las elecciones municipales: ¿Quién ganó?», Ciper, Centro de Investigación Periodística, 25 de octubre de 2016, acceso el 31 de octubre de 2016, http://ciperchile.cl/2016/10/25/analisis-de-las-elecciones-municipales-quien-gano/

[6] «Regula la inscripción automática, modifica el Servicio Electoral y moderniza el sistema de votaciones», Ministerio Secretaría General de la Presidencia - Ley Chile – Biblioteca del Congreso Nacional, acceso el 31 de octubre de 2016, http://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=1035420&buscar=20.568
[7] «Inscripciones Hábiles por Sexo 1988 - 2009», Servel, acceso el 31 de octubre de 2016, www.servel.cl/wp-content/uploads/2015/09/einscritossx-1.xls                                
[8] «Cantidades de inscripciones por grupos etáreos en cada sexo por región y totales del país. Padrón definitivo 2012», Servel, acceso el 31 de octubre de 2016, http://www.servel.cl/wp-content/uploads/2015/09/informe_etareos_por_region.pdf          
[9] Uziel Gómez, «Investigación del CEP desclasifica el impacto del voto voluntario en las elecciones que llevaron a la Nueva Mayoría al poder», El Líbero, 4 de abril de 2016, acceso el 31 de octubre de 2016, http://ellibero.cl/actualidad/investigacion-del-cep-desclasifica-el-impacto-del-voto-voluntario-en-las-elecciones-que-llevaron-a-la-nueva-mayoria-al-poder/
[10] Loreto Cox y Ricardo González, «Cambios en la participación electoral tras la inscripción automática y el voto voluntario», CEP, Centro de Estudios Públicos, N° 14, marzo 2016, (versión corta) acceso el 31 de octubre de 2016, http://www.cepchile.cl/cambios-en-la-participacion-electoral-tras-la-inscripcion-automatica-y/cep/2016-05-05/172224.html
[11]  «Cambios en la participación electoral tras la inscripción automática y el voto voluntario», CEP, Centro de Estudios Públicos, N° 14, marzo 2016, (versión completa) acceso el 31 de octubre de 2016, http://www.cepchile.cl/cep/site/artic/20160505/asocfile/20160505172224/dpp_014_marzo2016_lcox_rgonzalez.pdf
[12] Dorando J. Michelini, «La ética del discurso como ética de la responsabilidad», Literatura y lingüística N° 14 (2003): http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-58112003001400015
[13] «Las relaciones entre la ética y la política. El punto de vista dramático desde Max Weber y Raymond Aron», FAES – Fundación para el análisis y los estudios sociales, acceso el 31 de octubre de 2016, http://www.fundacionfaes.org/file_upload/publication/pdf/00004-05_-_las_relaciones_entre_la_etica_y_la_politica.pdf
[14] «Anexo: Países», Wikipedia, acceso el 31 de octubre de 2016 https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses
[15]  NN, «Radiografía al voto obligatorio en el mundo: qué países lo aplican y cuánta es la participación», EMOL, 15 de octubre de 2016, acceso el 31 de octubre de 2016, http://www.emol.com/noticias/Nacional/2016/10/15/826485/Radiografia-al-voto-obligatorio-en-el-mundo-que-paises-lo-aplican-y-cuanta-es-la-participacion.html

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