Las palabras sí importan
Nuestro profesor le ha puesto nombre al proceso político
iniciado a partir de octubre de 2019 en adelante: Revolución.
Consultado al respecto nos recuerda lo enseñado en clases
previas, de que una Revolución tiene cuatro características propias:
-
Contradicción
ideológica entre facciones
-
Lucha
por el Poder
-
Participación
Popular
-
Cambio
Complementa el tema calificando de
Revolución Frustrada cuando no se concreta la cuarta condición.
Lo que sigue no es refutación. Es el
trabajo honesto para entender, ya que no se logra encajar ese proceso en el
marco señalado. Es claro que un esquema es por definición breve, no matizado.
Pero útil como ordenador y punto de partida, así como también punto de llegada.
Aquí se trabaja con el sentido inicial.
Tras muchas vueltas y revueltas (¡!) en
esta ocasión se examina cada elemento del esquema. Primero uno a uno y luego
los cuatro agrupadados.
1. Contradicción ideológica: ¿No es algo permanente, típico en
cualquier momento de la política, inherente a ésta? Con intensidades variables,
profundidades plurales, radicalismo discontinuo, pero siempre presente. En
momentos revolucionarios y de estabilidad, las cosmovisiones son muy diversas.
Entonces, por sí solo, este factor ideológico nada dice sobre Revolución.
2. Lucha por el Poder: Lo dicho en numeral previo aplica
por completo a este segundo factor.
3. Participación popular: Suele estar presente pero no es
condición sine qua non. Ejemplo, la revolución política, económica, ideológica,
cultural, institucional cuyo inicio fue septiembre de 1973.
4. Cambio: Aplica si estos son radicales,
profundos, duraderos. Su disparador suelen ser eventos de fuerza, violencia,
brevedad temporal en el disparador. Por cierto, y para que conste, descalificar
las revoluciones por su frecuente origen violento es antihistórico, es
prejuicioso e inútil.
Véanse ahora los cuatro factores reunidos. Pregunta: Si hay
contradicción ideológica importante y radical; intensa lucha por el poder con
victoria de un bando, amplia participación popular y cambio profundo, ¿procede
la calificación de un proceso cualquiera con estos elementos como
Revolucionario, es aquello una Revolución? Aparentemente, preliminarmente sí.
(Aunque en el caso arriba mencionado el factor tres no estuvo presente sino
transcurrido un tiempo y con manifestación bien acotada, dado el sistema
impuesto).
Fijados los parámetros y comentarios previos, procede ver si el
proceso político iniciado hace tres años puede o no ser definido como
revolucionario, titularlo Revolución.
Ello impone distinguir, separar, desagregar momentos del
proceso. De ahí que sea pertinente iniciar con el esbozo de las condiciones
previas a “los hechos de octubre de 2019”.
Momento Cero, tensiones sociales: Ya se ha escrito, discutido y
hablado más que mucho sobre las múltiples causas que confluyen en el Momento Cero.
Las marchas iniciales y la captura veloz del fenómeno por
parte de agentes políticos de toda laya, así como también de bandas lumpen,
anarcas y demás tribus urbanas.
Insatisfacción de los satisfechos, frustración de
expectativas creadas en los años de crecimiento y progreso, emergencia de nueva
cultura progresista, individualismo, educación superior masiva, cansancio por
abusos y maltratos, ralentización de la economía, diversidades en individuación
acelerada, derrumbe de instituciones tradicionales como FFAA, Iglesia, empresariado,
política y políticos, y un largo etcétera innecesario detallar aquí.
Digamos que el caldo de cultivo para una eclosión violenta
estaba instalado, creciendo en tensiones entre fuerzas contrapuestas.
Momento Uno, estallido: Para ilustrar lo que sigue, vale el uso de analogía
ígnea. En términos bomberiles, estaba el material combustible inicial (las
personas enervadas); el comburente equivalente a oxígeno (la cuasi anomia
institucional). Faltaba la fuente de calor inicial, la chispa, el elemento
catalizador (las marchas iniciales y su rápida degradación a la violencia, caso
quema de estaciones de Metro y demás).
Iniciado el incendio social, este se mantuvo e incrementó
retroalimentándose (reacción en cadena) con el suministro constante de nuevos y
diversos combustibles (razones, ideas, reclamos, exigencias y demás, así como
también con el asalto a la propiedad pública y privada que se destruía,
saqueaba) que iban agregando los muy variados agentes cuyos propósitos no eran
comunes, aunque se aprovechaban unos de los otros.
El comburente, abundantísimo: anomia, confusión, tormentosa
nube de ideas y propósitos en anárquica descoordinación.
Reacción en cadena: retroalimentación de estos factores, en
progresivo incremento…
La temperatura entonces ya no era la inicial sino la que
aumentaba sin cesar, amenazando con el incendio y fundido de todo lo conocido y
por conocer.
Así es que se tiene la denominada “explosión social”, hoguera
en se quemaban personas, grupos, ideologías y tanto más. Dicha expresión se ha
asentado como apropiada para referirse a esos eventos en ese específico momento.
Y más.... Diferentes facciones le asignan connotaciones interesadas, las cuales
no se toman en cuenta aquí por no ser el tema de este intento de comprensión en
que se trabaja.
Momento Dos, ¡A la Bastilla!: La agitación, caos, destrucción,
violencia, encuentra sentido y propósito. Y objetivo: la toma del Poder, defenestrar
al presidente y ministros, colapsar la institucionalidad opresora, explotadora,
clasista y una extensa a la vez que variada caracterización del sistema como repulsivo
e inaguantable.
Allí sí hay unión direccionada: tumbar el gobierno e
instaurar nuevo régimen revolucionario. No viene al caso aquí nombrar a quienes
empujaron este momento revolucionario. Sí es clara la ideología que los animó.
Dato de la mayor importancia es la no existencia de El Líder,
ni siquiera los líderes. Los impulsores se movían en penumbras, saliendo
ocasionalmente a la luz, otras veces confundiéndose con el atronado ruido de la
agitación.
Un hecho muy relevante y que debe quedar plasmado aquí es
cuando las FFAA representadas por su comandante en jefe dijo no estar en guerra
contra sus connacionales, diciendo además sin necesidad de explicitarlo, que
las fuerzas armadas no arremeterían contra la ya entonces avanzada y decidida
sublevación, sedición. (Al parecer y además que los tiempos de antes no son los
de ahora, los militares chilenos aprendieron lo que tenían que aprender. Y a
buen entendedor, pocas palabras).
Dos turbulentos procesos empezaron a coexistir, a correr en
paralelo: en la calle saqueo, lumpen, barras bravas, radicales ideologizados;
en los medios e instancias políticas, acercamiento real y simbólico a la toma
del Poder.
Momento Tres, instinto de supervivencia in extremis (¡Nos
salvamos!): La clase
política vio con pavor cívico y también del otro -el lector entiende- que moría,
desaparecía, era lanzada al basurero de la historia sin demora ni buenos
modales.
Interesantísimo espacio temporal este, que amerita mucho
trabajo de investigación e interpretación. No cabe aquí puesto que se está
siguiendo el tema planteado al inicio: ¿Revolución describe los hechos y
proceso octubre 2019 – noviembre 2022?
El llamado Acuerdo Por la Paz Social y la Nueva Constitución (así,
con mayúsculas) del imborrable 15 de noviembre 2019, fue el evento copernicano:
se salvó la institucionalidad, se salvó la clase política, amainó temporalmente
el ímpetu revolucionario, apaciguó los ánimos, separó lo político de lo caótico
de las calles y tanto más. Para unos, alivio; para otros, insoportable
frustración: tan cerca entonces, tan lejos ahora.
Necesario es que el lector recuerde quienes no participaron
ni suscribieron. Y quienes sí. No se requiere nombrarlos aquí.
Momento Cuatro, fervor revolucionario sometido a la institucionalidad.
Política, política, política y más política: Recorrer el fascinante proceso constitucional reglado
es para un trabajo de mucho mayor alcance y nivel que este modesto intento de
comprensión sobre la definición del proceso 2019-2022. Excita el interés, la
necesidad de saber y entender. Pero como dicho, es otro tema.
No obstante el límite autoimpuesto, se deja aquí el registro
de una acción perpetrada por unos pocos diputados “buenistas y progres” cuyas
consecuencias fueron catastróficas, en realidad para todas las partes: Moción
parlamentaria que al ser aceptada definió la participación de diecisiete
personas -que no precisamente representantes- de los llamados pueblos
originarios. Los nombres de esos personajes no deben ser olvidados.
Si se hubieran acordado de aquello que el camino al infierno
está empedrado de buenas intenciones, quién sabe. Al final, nadie sabe para
quien trabaja. Cuesta resistir la tentación de poner aquí, en inglés, esa
pregunta millonaria: What if…
Un hecho sobrevenido impuso condición muy transformadora:
Pandemia Covid. El Gobierno decretó una sucesión de Estado de Excepción Constitucional
(18/03/20 – 30/09/21), se impusieron las cuarentenas, los Planes Paso a Paso,
los Pases de Movilidad, cambios drásticos a las condiciones de libertinaje de
los Momentos Uno y Dos. Se regresó a la normalidad recién el 1° de octubre de
¡2022!
Huelga agregar o comentar. En todo caso, entre camino
institucional en dinámica acelerada pero acotada y confinamientos ciudadanos,
pasó lo que tenía que pasar: reducción sustantiva de la violencia y agitación
social.
Para mantener este escrito en el marco del tema definido,
toca nada más decir que en la Convención, la tendencia revolucionaria logró
imponerse con largueza a los institucionalistas más centristas. La propuesta
final era realmente revolucionaria en su inspiración y contenido, transformadora
en lo institucional, radicalmente ideológica en lo valórico - cultural.
Imposible dejar pasar la oportunidad de asentar la siguiente
acotación: el fervoroso impulsor de los cabildos ciudadanos, que tanto trabajó
porque se superaran los límites impuestos por el Congreso a la Convención
Constitucional y que esta se transformara en lo que debía ser, Originaria y no
Derivada, casi, casi corona su anhelo. Pero de nuevo se impuso lo institucional
establecido que reprimió con la Ley esos ímpetus e intentos de sobrepasar el
marco que, debe asentarse, fue masivamente aprobado por los chilenos en histórico
acto eleccionario.
“Para otra ocasión será, otra oportunidad de oro perdida.
Otra frustración más -pensará-, de las ya numerosas veces en que la soberanía
popular es ahogada por el abuso de los detentadores del poder imperante.
Cambian las épocas y protagonistas, se repite el drama…”
Puede decirse que la revolución intentada por los hechos de
octubre ’19 logró presentarse a los chilenos dentro de los parámetros de la
institucionalidad vigente, para transformarla radicalmente. Dicho de otro modo,
lo que no se logró concretar en el violento Momento Dos se supone que sería
logrado en este Momento Cuatro.
Momento Cinco, el pueblo chileno dice No: De nuevo, mucho material para estudiar.
Apasionante, pero pospuesto para otro esfuerzo de comprensión. Lo cierto es que
la propuesta constitucional fue muy mayoritariamente rechazada, en proporción
semejante a la que aprobara la creación de una Convención Constitucional.
Desastre. Rancagua. Waterloo. (Para unos). Para los otros,
indescriptible alivio.
Se acabó la Revolución. Lo que queda es el Reformismo con
incorporación de muchas ideas de la etapa revolucionaria pero atemperadas y
ejecutables en la medida de lo posible, nomás.
En la continuación del Momento Cinco, el Congreso que
legítimamente representa al pueblo, trabaja arduamente para darle continuidad
al proceso constituyente. La idea de base es que los chilenos manifestaron
contundentemente que sí querían una nueva Constitución, que no es necesario ni
conveniente volver a preguntar lo mismo -mucho menos olvidarse de eso- y que
procede buscar y acordar un nuevo diseño institucional para dar cause a la
voluntad popular.
Continuará…
Fin del escrito: Quien ha desarrollado el presente esfuerzo de comprensión
cree que explicitar conclusiones sería casi redundante, innecesario. Además,
alejaría a los posibles lectores por ser aburrido que se le de toda la tarea
hecha.
La segmentación temporal del proceso ha resultado ser clave y
extremadamente útil. Quien hizo el trabajo ya entendió el punto, ya llegó a su
definición. En este nivel| se da por satisfecha la inquietud, desaparecida la disconformidad
o incomodidad.
Además, poner en cabeza de los eventuales lectores -bien
pacientes por cierto- la exquisita oportunidad de pensar y ojalá expresarse, es
un regalo que satisface al redactor y desafía al visitante.