Breve trabajo comparando a esos dos Presidentes en cuanto a importancia y acción.
Historia de Chile
Moderno - UFT, 23/11/2016/ Felipe Valdivieso
Arturo
Alessandri tiene la “gloria” de haber sido el agente eficaz del cambio del
denostado régimen parlamentario por el presidencialista, lo que se oficializó
con la constitución de 1925, así esta haya entrado en vigencia en 1932. También
tiene la condición de innovador en la forma de hacer política, ya que usó
formas nuevas de relacionase con el pueblo: carismático, orador, teatral, etc.,
distinto a lo que se estilaba en su tiempo. Igualmente, se le reconoce el
mérito de “haber descubierto” a las clases obrera y media, así como también
haberles dado voz, lo que no es poca cosa respecto a las tensiones que emergían
desde abajo y la ceguera de los de arriba, detentadores del poder.
A
pesar de sus cuatro años iniciales de su primer período casi sin acción eficaz
debido a la oposición sin tregua del congreso, en 1924 y montado en la
resbalosa ola militar, logró la aprobación de leyes importantes: Ley de
Presupuesto, Código del Trabajo, Reforma a Ley del impuesto sobre la renta,
leyes militares. En su segundo gobierno 1932-1938 controló desde el principio a
los militares, tuvo mayor libertad de acción y mantuvo andando el nuevo sistema
político, contando con la fortuna de una bonanza económica. Un aspecto
relevante plasmado en la nueva constitución es la separación de Estado e
Iglesia, lo que refleja un giro en “los tiempos”, en dirección a la modernidad.
El
carácter personal de Alessandri, enfrentado a las complejas situaciones con las
que hubo de vérselas, se evidenció como no violento y una mezcla entre cobarde
(no combativo es expresión menos radical y más académica) y realista: cuando ya
la situación no daba para más, se iba, abandonaba; cuando contaba con la fuerza
de apoyo o sustentación, avanzaba.
Significativo
es Alessandri por el fin del parlamentarismo (que en sus inicios y durante un
tiempo representó una institucionalidad acorde con sus tiempos, mineralizándose
a la larga y por ello sustituido) y por abrir espacio a las capas medias y
bajas de la sociedad de entonces. Su eficacia es acotada a un específico
momento cuando los militares medios le pusieron la base para imponer las leyes
arriba mencionadas. Por lo tanto, más significativo que eficaz, si es que se
valora grandemente el cambio de régimen. Fue “el hombre en el momento”, pero si
no era él, entonces, seguramente sería otro, pronto. Los tiempos estaban
maduros. Procede aquí recordar o definir que Alessandri no fue el inventor del
presidencialismo, solo fue el que logró imponerlo 34 años después del primer
intento fracasado.
Carlos
Ibáñez del Campo fue hombre de perfil personal y actuación política diferente a
la de Alessandri: militar, carácter reservado y autoritario, formado en el
nuevo ejército al estilo prusiano, víctima personal del parlamentarismo
(retención de sueldos y de mejoras institucionales de las fuerzas armadas),
hombre de acción. Decidido, práctico, claro en propósitos y medios.
Se
impone diferenciar al Ibáñez del primer y segundo período presidencial: en el
primero, institucionalización intensa, rápida y profunda del Estado, conversión
o transformación del Estado en motor de progreso y desarrollo, represión sin
melindres de toda oposición; en su segundo gobierno, tal vez por los años, por
el cansancio de tantos años luchando y conspirando por el poder, ya fue otra
cosa: permeable a influencia de amigos, pérdida de dirección y fuerza.
Lo
que Alessandri dejó en la Ley –aplicada tras ocho años de texto pendiente-,
Ibáñez lo materializó sin contemplaciones: Mantuvo el cese del Congreso y
limpió del escenario todo vestigio de politiquería elitista y resabio
parlamentario. Reivindicó en los hechos la aspiración Balmacedista de una
presidencia con real poder. Ibáñez sí tenía la fuerza militar consigo y no solo
en términos parciales o utilitarios circunstanciales. Además del pueblo
anhelante del ORDEN, tuvo la fuerza militar consigo. Esas condiciones, unidas
con un extraordinario –aunque no duradero- auge económico gracias al salitre,
cobre y, también, a los generosos préstamos de Estados Unidos, permitieron a
Ibáñez llevar a cabo grandes obras en infraestructura, organización y
modernización del Estado. La simple enumeración (parcial) de creaciones y obras
de la gestión Ibañista impresiona: creación del Ministerio de Fomento,
dictación del Estatuto Administrativo, creación de la Contraloría General de la
República, de la Superintendencia de Seguros, Instituto de Crédito Industrial,
Caja de Colonización Agrícola, Consejo de Defensa Salitrero, Tesorería General
de la República, Caja Nacional de Ahorros, Línea Aérea Nacional, Compañía de
Salitres de Chile, la corporación periodística La Nación, Superintendencia de
Educación Nacional, etc. La institucionalidad y la estructura del estado que
hizo y legó Ibáñez duró tanto como hasta 1973.
Cuando
Chile sufrió las consecuencias de la crisis de 1929 y la depresión que le
siguió, hubo manifestaciones y desórdenes que inicialmente fueron duramente
reprimidos por el gobierno de Ibáñez. Sin embargo, a poco andar y por
comprensión del estado de cosas, por evitar mayores sufrimientos y muertes,
Ibáñez renuncia. Tal acto demuestra, primero que sí enfrentó con decisión y
fuerza la agitación, no rehuyó; y segundo, que tuvo el buen sentido y hasta
consideración con el chileno y dio un paso al costado para dar salida a la
situación.
Ahora
sí se pueden comparar ambos gobernantes a la luz de los dos criterios
establecidos en la pregunta, eficiencia y significación.
Alessandri
fue la figura que posó para la foto de la historia en ese específico momento: Separé Iglesia y Estado, di voz a las clases
media y obrera, impuse una constitución que duró 43 años, acabé con el
parlamentarismo ciego y opresor, podrían ser las palabras del presidente
Alessandri de regreso a esta tierra. Pero la historia pondrá referencia y
parámetros a tales logros: ¿Laicización? Punto concedido. ¿Voz a clases mudas
antes? No propiamente mudas, pero sí escuchadas, punto reconocido.
¿Constitución y régimen presidencialista? Concedido, punto asignado. ¿Fin del
parlamentarismo? Sí, con matices: En primer lugar, estaba el antecedente de la
guerra civil de 1891. En segundo lugar, los militares jóvenes y medios son los
que impulsaron y pusieron la base para las reformas legales de Alessandri, de
hecho, el propio Ibáñez fue protagonista de esa etapa. ¿Fue eficaz Alessandri?
En sentido ultra específico sí, porque logró lo central que quería; para nada
desde la mirada que poco pudo hacer, que pasó años amarrado e imposibilidad de
hacer y que lo que sí finalmente pudo hacer fue basado en el soporte de otros,
los militares. ¿Fue significativa su obra? Sí.
Ibáñez
tiene un hándicap: fue dictador militar, condición que más hoy que nunca, es mirada
muy críticamente. Pero tiene enorme aval fáctico en los dos criterios de la
pregunta de esta prueba: hizo mucho y lo que hizo es muy relevante.
En
resumen, y dado que ya el límite impuesto por el profesor ha sido superado,
resumo: Alessandri, relevante y no eficaz; Ibáñez, relevante y eficaz. Gana
Ibáñez. Es mi respuesta.
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