sábado, 28 de abril de 2018

Arturo Alessandri Palma vs Carlos Ibáñez del Campo



Breve trabajo comparando a esos dos Presidentes en cuanto a importancia y acción.


Historia de Chile Moderno - UFT, 23/11/2016/ Felipe Valdivieso


Arturo Alessandri tiene la “gloria” de haber sido el agente eficaz del cambio del denostado régimen parlamentario por el presidencialista, lo que se oficializó con la constitución de 1925, así esta haya entrado en vigencia en 1932. También tiene la condición de innovador en la forma de hacer política, ya que usó formas nuevas de relacionase con el pueblo: carismático, orador, teatral, etc., distinto a lo que se estilaba en su tiempo. Igualmente, se le reconoce el mérito de “haber descubierto” a las clases obrera y media, así como también haberles dado voz, lo que no es poca cosa respecto a las tensiones que emergían desde abajo y la ceguera de los de arriba, detentadores del poder.

A pesar de sus cuatro años iniciales de su primer período casi sin acción eficaz debido a la oposición sin tregua del congreso, en 1924 y montado en la resbalosa ola militar, logró la aprobación de leyes importantes: Ley de Presupuesto, Código del Trabajo, Reforma a Ley del impuesto sobre la renta, leyes militares. En su segundo gobierno 1932-1938 controló desde el principio a los militares, tuvo mayor libertad de acción y mantuvo andando el nuevo sistema político, contando con la fortuna de una bonanza económica. Un aspecto relevante plasmado en la nueva constitución es la separación de Estado e Iglesia, lo que refleja un giro en “los tiempos”, en dirección a la modernidad.

El carácter personal de Alessandri, enfrentado a las complejas situaciones con las que hubo de vérselas, se evidenció como no violento y una mezcla entre cobarde (no combativo es expresión menos radical y más académica) y realista: cuando ya la situación no daba para más, se iba, abandonaba; cuando contaba con la fuerza de apoyo o sustentación, avanzaba.

Significativo es Alessandri por el fin del parlamentarismo (que en sus inicios y durante un tiempo representó una institucionalidad acorde con sus tiempos, mineralizándose a la larga y por ello sustituido) y por abrir espacio a las capas medias y bajas de la sociedad de entonces. Su eficacia es acotada a un específico momento cuando los militares medios le pusieron la base para imponer las leyes arriba mencionadas. Por lo tanto, más significativo que eficaz, si es que se valora grandemente el cambio de régimen. Fue “el hombre en el momento”, pero si no era él, entonces, seguramente sería otro, pronto. Los tiempos estaban maduros. Procede aquí recordar o definir que Alessandri no fue el inventor del presidencialismo, solo fue el que logró imponerlo 34 años después del primer intento fracasado.

Carlos Ibáñez del Campo fue hombre de perfil personal y actuación política diferente a la de Alessandri: militar, carácter reservado y autoritario, formado en el nuevo ejército al estilo prusiano, víctima personal del parlamentarismo (retención de sueldos y de mejoras institucionales de las fuerzas armadas), hombre de acción. Decidido, práctico, claro en propósitos y medios.

Se impone diferenciar al Ibáñez del primer y segundo período presidencial: en el primero, institucionalización intensa, rápida y profunda del Estado, conversión o transformación del Estado en motor de progreso y desarrollo, represión sin melindres de toda oposición; en su segundo gobierno, tal vez por los años, por el cansancio de tantos años luchando y conspirando por el poder, ya fue otra cosa: permeable a influencia de amigos, pérdida de dirección y fuerza.

Lo que Alessandri dejó en la Ley –aplicada tras ocho años de texto pendiente-, Ibáñez lo materializó sin contemplaciones: Mantuvo el cese del Congreso y limpió del escenario todo vestigio de politiquería elitista y resabio parlamentario. Reivindicó en los hechos la aspiración Balmacedista de una presidencia con real poder. Ibáñez sí tenía la fuerza militar consigo y no solo en términos parciales o utilitarios circunstanciales. Además del pueblo anhelante del ORDEN, tuvo la fuerza militar consigo. Esas condiciones, unidas con un extraordinario –aunque no duradero- auge económico gracias al salitre, cobre y, también, a los generosos préstamos de Estados Unidos, permitieron a Ibáñez llevar a cabo grandes obras en infraestructura, organización y modernización del Estado. La simple enumeración (parcial) de creaciones y obras de la gestión Ibañista impresiona: creación del Ministerio de Fomento, dictación del Estatuto Administrativo, creación de la Contraloría General de la República, de la Superintendencia de Seguros, Instituto de Crédito Industrial, Caja de Colonización Agrícola, Consejo de Defensa Salitrero, Tesorería General de la República, Caja Nacional de Ahorros, Línea Aérea Nacional, Compañía de Salitres de Chile, la corporación periodística La Nación, Superintendencia de Educación Nacional, etc. La institucionalidad y la estructura del estado que hizo y legó Ibáñez duró tanto como hasta 1973.

Cuando Chile sufrió las consecuencias de la crisis de 1929 y la depresión que le siguió, hubo manifestaciones y desórdenes que inicialmente fueron duramente reprimidos por el gobierno de Ibáñez. Sin embargo, a poco andar y por comprensión del estado de cosas, por evitar mayores sufrimientos y muertes, Ibáñez renuncia. Tal acto demuestra, primero que sí enfrentó con decisión y fuerza la agitación, no rehuyó; y segundo, que tuvo el buen sentido y hasta consideración con el chileno y dio un paso al costado para dar salida a la situación.

Ahora sí se pueden comparar ambos gobernantes a la luz de los dos criterios establecidos en la pregunta, eficiencia y significación.

Alessandri fue la figura que posó para la foto de la historia en ese específico momento: Separé Iglesia y Estado, di voz a las clases media y obrera, impuse una constitución que duró 43 años, acabé con el parlamentarismo ciego y opresor, podrían ser las palabras del presidente Alessandri de regreso a esta tierra. Pero la historia pondrá referencia y parámetros a tales logros: ¿Laicización? Punto concedido. ¿Voz a clases mudas antes? No propiamente mudas, pero sí escuchadas, punto reconocido. ¿Constitución y régimen presidencialista? Concedido, punto asignado. ¿Fin del parlamentarismo? Sí, con matices: En primer lugar, estaba el antecedente de la guerra civil de 1891. En segundo lugar, los militares jóvenes y medios son los que impulsaron y pusieron la base para las reformas legales de Alessandri, de hecho, el propio Ibáñez fue protagonista de esa etapa. ¿Fue eficaz Alessandri? En sentido ultra específico sí, porque logró lo central que quería; para nada desde la mirada que poco pudo hacer, que pasó años amarrado e imposibilidad de hacer y que lo que sí finalmente pudo hacer fue basado en el soporte de otros, los militares. ¿Fue significativa su obra? Sí.

Ibáñez tiene un hándicap: fue dictador militar, condición que más hoy que nunca, es mirada muy críticamente. Pero tiene enorme aval fáctico en los dos criterios de la pregunta de esta prueba: hizo mucho y lo que hizo es muy relevante.

En resumen, y dado que ya el límite impuesto por el profesor ha sido superado, resumo: Alessandri, relevante y no eficaz; Ibáñez, relevante y eficaz. Gana Ibáñez. Es mi respuesta.

No hay comentarios: