jueves, 24 de noviembre de 2022

Sucesos de octubre 2019. ¿Revolución?

 

Las palabras sí importan

Nuestro profesor le ha puesto nombre al proceso político iniciado a partir de octubre de 2019 en adelante: Revolución.

Consultado al respecto nos recuerda lo enseñado en clases previas, de que una Revolución tiene cuatro características propias:

-         Contradicción ideológica entre facciones

-         Lucha por el Poder

-         Participación Popular

-         Cambio

Complementa el tema calificando de Revolución Frustrada cuando no se concreta la cuarta condición.

Lo que sigue no es refutación. Es el trabajo honesto para entender, ya que no se logra encajar ese proceso en el marco señalado. Es claro que un esquema es por definición breve, no matizado. Pero útil como ordenador y punto de partida, así como también punto de llegada. Aquí se trabaja con el sentido inicial.

Tras muchas vueltas y revueltas (¡!) en esta ocasión se examina cada elemento del esquema. Primero uno a uno y luego los cuatro agrupadados.

1. Contradicción ideológica: ¿No es algo permanente, típico en cualquier momento de la política, inherente a ésta? Con intensidades variables, profundidades plurales, radicalismo discontinuo, pero siempre presente. En momentos revolucionarios y de estabilidad, las cosmovisiones son muy diversas. Entonces, por sí solo, este factor ideológico nada dice sobre Revolución.

2. Lucha por el Poder: Lo dicho en numeral previo aplica por completo a este segundo factor.

3. Participación popular: Suele estar presente pero no es condición sine qua non. Ejemplo, la revolución política, económica, ideológica, cultural, institucional cuyo inicio fue septiembre de 1973.

4. Cambio: Aplica si estos son radicales, profundos, duraderos. Su disparador suelen ser eventos de fuerza, violencia, brevedad temporal en el disparador. Por cierto, y para que conste, descalificar las revoluciones por su frecuente origen violento es antihistórico, es prejuicioso e inútil.

Véanse ahora los cuatro factores reunidos. Pregunta: Si hay contradicción ideológica importante y radical; intensa lucha por el poder con victoria de un bando, amplia participación popular y cambio profundo, ¿procede la calificación de un proceso cualquiera con estos elementos como Revolucionario, es aquello una Revolución? Aparentemente, preliminarmente sí. (Aunque en el caso arriba mencionado el factor tres no estuvo presente sino transcurrido un tiempo y con manifestación bien acotada, dado el sistema impuesto).

Fijados los parámetros y comentarios previos, procede ver si el proceso político iniciado hace tres años puede o no ser definido como revolucionario, titularlo Revolución.

Ello impone distinguir, separar, desagregar momentos del proceso. De ahí que sea pertinente iniciar con el esbozo de las condiciones previas a “los hechos de octubre de 2019”.

Momento Cero, tensiones sociales: Ya se ha escrito, discutido y hablado más que mucho sobre las múltiples causas que confluyen en el Momento Cero.

Las marchas iniciales y la captura veloz del fenómeno por parte de agentes políticos de toda laya, así como también de bandas lumpen, anarcas y demás tribus urbanas.

Insatisfacción de los satisfechos, frustración de expectativas creadas en los años de crecimiento y progreso, emergencia de nueva cultura progresista, individualismo, educación superior masiva, cansancio por abusos y maltratos, ralentización de la economía, diversidades en individuación acelerada, derrumbe de instituciones tradicionales como FFAA, Iglesia, empresariado, política y políticos, y un largo etcétera innecesario detallar aquí.

Digamos que el caldo de cultivo para una eclosión violenta estaba instalado, creciendo en tensiones entre fuerzas contrapuestas.

Momento Uno, estallido: Para ilustrar lo que sigue, vale el uso de analogía ígnea. En términos bomberiles, estaba el material combustible inicial (las personas enervadas); el comburente equivalente a oxígeno (la cuasi anomia institucional). Faltaba la fuente de calor inicial, la chispa, el elemento catalizador (las marchas iniciales y su rápida degradación a la violencia, caso quema de estaciones de Metro y demás).

Iniciado el incendio social, este se mantuvo e incrementó retroalimentándose (reacción en cadena) con el suministro constante de nuevos y diversos combustibles (razones, ideas, reclamos, exigencias y demás, así como también con el asalto a la propiedad pública y privada que se destruía, saqueaba) que iban agregando los muy variados agentes cuyos propósitos no eran comunes, aunque se aprovechaban unos de los otros.

El comburente, abundantísimo: anomia, confusión, tormentosa nube de ideas y propósitos en anárquica descoordinación.

Reacción en cadena: retroalimentación de estos factores, en progresivo incremento…

La temperatura entonces ya no era la inicial sino la que aumentaba sin cesar, amenazando con el incendio y fundido de todo lo conocido y por conocer.

Así es que se tiene la denominada “explosión social”, hoguera en se quemaban personas, grupos, ideologías y tanto más. Dicha expresión se ha asentado como apropiada para referirse a esos eventos en ese específico momento. Y más.... Diferentes facciones le asignan connotaciones interesadas, las cuales no se toman en cuenta aquí por no ser el tema de este intento de comprensión en que se trabaja.

Momento Dos, ¡A la Bastilla!: La agitación, caos, destrucción, violencia, encuentra sentido y propósito. Y objetivo: la toma del Poder, defenestrar al presidente y ministros, colapsar la institucionalidad opresora, explotadora, clasista y una extensa a la vez que variada caracterización del sistema como repulsivo e inaguantable.

Allí sí hay unión direccionada: tumbar el gobierno e instaurar nuevo régimen revolucionario. No viene al caso aquí nombrar a quienes empujaron este momento revolucionario. Sí es clara la ideología que los animó.

Dato de la mayor importancia es la no existencia de El Líder, ni siquiera los líderes. Los impulsores se movían en penumbras, saliendo ocasionalmente a la luz, otras veces confundiéndose con el atronado ruido de la agitación.

Un hecho muy relevante y que debe quedar plasmado aquí es cuando las FFAA representadas por su comandante en jefe dijo no estar en guerra contra sus connacionales, diciendo además sin necesidad de explicitarlo, que las fuerzas armadas no arremeterían contra la ya entonces avanzada y decidida sublevación, sedición. (Al parecer y además que los tiempos de antes no son los de ahora, los militares chilenos aprendieron lo que tenían que aprender. Y a buen entendedor, pocas palabras).

Dos turbulentos procesos empezaron a coexistir, a correr en paralelo: en la calle saqueo, lumpen, barras bravas, radicales ideologizados; en los medios e instancias políticas, acercamiento real y simbólico a la toma del Poder.

Momento Tres, instinto de supervivencia in extremis (¡Nos salvamos!): La clase política vio con pavor cívico y también del otro -el lector entiende- que moría, desaparecía, era lanzada al basurero de la historia sin demora ni buenos modales.

Interesantísimo espacio temporal este, que amerita mucho trabajo de investigación e interpretación. No cabe aquí puesto que se está siguiendo el tema planteado al inicio: ¿Revolución describe los hechos y proceso octubre 2019 – noviembre 2022?

El llamado Acuerdo Por la Paz Social y la Nueva Constitución (así, con mayúsculas) del imborrable 15 de noviembre 2019, fue el evento copernicano: se salvó la institucionalidad, se salvó la clase política, amainó temporalmente el ímpetu revolucionario, apaciguó los ánimos, separó lo político de lo caótico de las calles y tanto más. Para unos, alivio; para otros, insoportable frustración: tan cerca entonces, tan lejos ahora.

Necesario es que el lector recuerde quienes no participaron ni suscribieron. Y quienes sí. No se requiere nombrarlos aquí.

Momento Cuatro, fervor revolucionario sometido a la institucionalidad. Política, política, política y más política: Recorrer el fascinante proceso constitucional reglado es para un trabajo de mucho mayor alcance y nivel que este modesto intento de comprensión sobre la definición del proceso 2019-2022. Excita el interés, la necesidad de saber y entender. Pero como dicho, es otro tema.

No obstante el límite autoimpuesto, se deja aquí el registro de una acción perpetrada por unos pocos diputados “buenistas y progres” cuyas consecuencias fueron catastróficas, en realidad para todas las partes: Moción parlamentaria que al ser aceptada definió la participación de diecisiete personas -que no precisamente representantes- de los llamados pueblos originarios. Los nombres de esos personajes no deben ser olvidados.

Si se hubieran acordado de aquello que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones, quién sabe. Al final, nadie sabe para quien trabaja. Cuesta resistir la tentación de poner aquí, en inglés, esa pregunta millonaria: What if…

Un hecho sobrevenido impuso condición muy transformadora: Pandemia Covid. El Gobierno decretó una sucesión de Estado de Excepción Constitucional (18/03/20 – 30/09/21), se impusieron las cuarentenas, los Planes Paso a Paso, los Pases de Movilidad, cambios drásticos a las condiciones de libertinaje de los Momentos Uno y Dos. Se regresó a la normalidad recién el 1° de octubre de ¡2022!

Huelga agregar o comentar. En todo caso, entre camino institucional en dinámica acelerada pero acotada y confinamientos ciudadanos, pasó lo que tenía que pasar: reducción sustantiva de la violencia y agitación social.

Para mantener este escrito en el marco del tema definido, toca nada más decir que en la Convención, la tendencia revolucionaria logró imponerse con largueza a los institucionalistas más centristas. La propuesta final era realmente revolucionaria en su inspiración y contenido, transformadora en lo institucional, radicalmente ideológica en lo valórico - cultural.

Imposible dejar pasar la oportunidad de asentar la siguiente acotación: el fervoroso impulsor de los cabildos ciudadanos, que tanto trabajó porque se superaran los límites impuestos por el Congreso a la Convención Constitucional y que esta se transformara en lo que debía ser, Originaria y no Derivada, casi, casi corona su anhelo. Pero de nuevo se impuso lo institucional establecido que reprimió con la Ley esos ímpetus e intentos de sobrepasar el marco que, debe asentarse, fue masivamente aprobado por los chilenos en histórico acto eleccionario.

“Para otra ocasión será, otra oportunidad de oro perdida. Otra frustración más -pensará-, de las ya numerosas veces en que la soberanía popular es ahogada por el abuso de los detentadores del poder imperante. Cambian las épocas y protagonistas, se repite el drama…”

Puede decirse que la revolución intentada por los hechos de octubre ’19 logró presentarse a los chilenos dentro de los parámetros de la institucionalidad vigente, para transformarla radicalmente. Dicho de otro modo, lo que no se logró concretar en el violento Momento Dos se supone que sería logrado en este Momento Cuatro.

Momento Cinco, el pueblo chileno dice No: De nuevo, mucho material para estudiar. Apasionante, pero pospuesto para otro esfuerzo de comprensión. Lo cierto es que la propuesta constitucional fue muy mayoritariamente rechazada, en proporción semejante a la que aprobara la creación de una Convención Constitucional.

Desastre. Rancagua. Waterloo. (Para unos). Para los otros, indescriptible alivio.

Se acabó la Revolución. Lo que queda es el Reformismo con incorporación de muchas ideas de la etapa revolucionaria pero atemperadas y ejecutables en la medida de lo posible, nomás.

En la continuación del Momento Cinco, el Congreso que legítimamente representa al pueblo, trabaja arduamente para darle continuidad al proceso constituyente. La idea de base es que los chilenos manifestaron contundentemente que sí querían una nueva Constitución, que no es necesario ni conveniente volver a preguntar lo mismo -mucho menos olvidarse de eso- y que procede buscar y acordar un nuevo diseño institucional para dar cause a la voluntad popular.

Continuará…

Fin del escrito: Quien ha desarrollado el presente esfuerzo de comprensión cree que explicitar conclusiones sería casi redundante, innecesario. Además, alejaría a los posibles lectores por ser aburrido que se le de toda la tarea hecha.

La segmentación temporal del proceso ha resultado ser clave y extremadamente útil. Quien hizo el trabajo ya entendió el punto, ya llegó a su definición. En este nivel| se da por satisfecha la inquietud, desaparecida la disconformidad o incomodidad.

Además, poner en cabeza de los eventuales lectores -bien pacientes por cierto- la exquisita oportunidad de pensar y ojalá expresarse, es un regalo que satisface al redactor y desafía al visitante.


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