Santiago, 30 de octubre de 2023
MUERTE
I Distinción Preliminar: El automatismo mental antepone al sustantivo femenino singular muerte, el artículo determinado femenino singular la, dándole así existencia conceptual inmediata, La Muerte. Ella, esa cosa a la que puedo asignar características de acuerdo a mi sentimiento base vital, mis creencias y demás. A la vez puedo separarla de mi intencionalidad pero no ignorar que si bien inevitablemente me pasará a mí y a todos los seres vivos, solo yo, humano, tengo conciencia de eso.
O sea, hay una cosa que existe afuera de mí, que sin discusión se me impondrá. La tentación enorme es pensar en la muerte como si fuera un ente o una entidad con voluntad propia, con existencia eterna, diferente a los mortales que somos finitos. Como que yo paso, ella o eso no sucede, no transcurre; existe en el presente desde y hasta siempre.
Ella es, y cuando nos toca ¿es que vino a nosotros o nosotros fuimos a ella? ¿Nos espera inmutable y eterna, neutra, sin conciencia, significado, intención?
Muerte, ¿es un hecho? ¿un acto? Si lo primero, ¿qué o quién lo hace o hizo? Si lo segundo, ¿para qué se hace o hizo? Sucede, nomás. Curioso, que si es hecho o acto, el sustantivo se masculiniza, cambiaría de la muerte a el muerte. O sin género, lo muerte.
Esta agitada de agua despeja el camino que lleva a lo que parece ser lo más realista: independiente de lo que eso sea, lo cierto es que aquello es lo que pensamos de eso.
II Fluencia del psiquismo versus muerte: Vida -intencionalmente se omite el artículo la- es flujo, transcurrir, continuo dinámico. Y así lo entiende la mente humana. Por eso le es tan insoportable la finitud (tanto como el vacío). ¿Cómo que FIN, cómo que muero y ya, no soy, no hay conciencia de mí o sí. ¿Nada sigue, luego del cuerpo? Imposible.
Algunos lo aceptamos así no más. La mayoría, desde siempre y en todas partes siente que ello no puede ser así. Que la propia conciencia debe seguir tras muerte. ¡Debe, tiene que existir otra cosa, más, allá o donde sea!
Y bueno, ahí están las religiones, los místicos, los maestros espirituales. De la necesidad de explicarse la razón de las cosas, de la resistencia a imaginar vivir la no vida, la incapacidad imaginativa de visualizar el nada, la nada, lo nada… nada.
La brutal soberbia del hombre, de la mujer, produce la negación y la compensación: Yo soy, he sido… y seré. ¿Dónde, cómo, cuándo? La tercera pregunta, cuanto muera. La primera, en el mundo post muerte en que creo, por educación, por invención, por necesidad. La segunda, casi no importa la respuesta, como sea, Pero siendo yo.
Conozco una escuela de pensamiento (y práctica), viva hoy, que postula la inmortalidad. No del cuerpo, no por resurrección sino por superación de la finitud de la conciencia. En sencillo, sus seguidores más ilustrados y empeñosos parten de la conciencia de sí, que se logra con trabajo y conocimiento. La experiencia cierta de tal conciencia de sí extendida en el tiempo transforma la percepción primero y la realidad misma del tiempo después. En conciencia de sí, el tiempo “se estira”. La permanencia en ese estado alarga el tiempo a la vez que se mantiene. Esa conciencia presente extendida logra ser independiente del cuerpo físico en que se ha creado, que ha alimentado energéticamente tal ente consciente…
Todos conocemos la creencia religiosa en que la mayoría se ha formado en Occidente, Cristianismo. Pero casi que por cultura general, todos sabemos algo o mucho de otras creencias religiosas. Las tres monoteístas “del Libro”, las antiguas, las de Oriente, etc. Todas ellas tienen el tema muerte como asunto trascendental, al que dotan de significado, imaginación, intención, etc.
III Hasta aquí llego yo: Este Tinto de la muerte me atrajo apenas tuve noticias de ello. Y pensaba asistir en modo pasivo, para ver qué había allí. Pero navegué por el site y me di cuenta de que hay personas potentes, idas probadas, etc. Por ello me obligué a presentar algo, sea poco, malo, pero algo. Esto es todo.
Muchas gracias por haberme invitado.
PS: Qué hacer con el cuerpo: donarlo para aprovechamiento de órganos y luego al cinerario. Para qué tumbas, mausoleos y demás? Para que el fallecido no muera de nuevo, cuando es olvidado.
PS 2: ¿Y la trascendencia? Horror al vacío, espanto al no-ser, pánico al olvido, narcisismo atroz. Ah, trágico y definitivo sino de los hombres.
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